Un cuento...
Salió de un río en el que todo era pequeño, insustancial. Abrió los ojos y vio un océano, inmenso, azul. No parecía que sus aguas fueran turbulentas y se lo pudieran tragar con un simple vaivén. Miró al cielo y el sol brillaba como nunca antes lo había visto. Estuvo nadando tranquilamente y buceando en sus nítidas y transparentes aguas.
Uno de esos días vio una estrella de mar con unos colores vivos e intensos. Fue hacía ella para cogerla y admirarla a la luz del sol. La corriente marina se la iba llevando de un lado a otro. Estuvo así durante un tiempo pero al final un día la pudo coger y llevársela a la superficie para admirarla, rozarla con sus dedos, que sus ojos admiraran aquellos colores llenos de vida, llenos de sensaciones que él nunca había visto antes.
Durante mucho tiempo estuvieron navegando juntos. Viendo los amaneceres, la puestas de sol. La luna llena, las estrellas y las constelaciones. La lluvia los golpeaba de manera atroz y despiadada, pero juntos se protegían y volvían a emerger.
Un día amaneció con el cielo de color rojo. Él se asustó. La busco desesperadamente y no la encontró. La llamó a gritos. Y por fin, escondida bajo una roca la encontró llorando sin consuelo alguno. La abrazó y la besó pero ella no parecía ser la misma. Se desprendió de él y le dijo que sus caminos tenían que separarse. En su vida había una estrella pequeñita que formaba parte de ella Necesitaba poder respirar y encontrar un camino al lado de alguien que aceptara esa parte pequeñita de ella que le llevara a otro mar. A un mar que pudiera compartir con otras estrellas como ella. No hacía falta que tuvieran los colores tan vivos e intensos como los de ella, no. Tan solo necesitaba una estrella que quisiera compartir su camino y no a alguien con el tan solo sentir momentos que al final siempre superficiales.
En esos momentos se sintió morir. La soltó para que nadara en libertad, para que encontrara aquello que su corazón le dictaba y él no estaba en su dictado.
Volvió a su río, volvió a su oscuridad.
En su corazón y en el cielo siempre estaría ella, brillando como ninguna otra.


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