Cuando tú llegues.
Dicen que la primavera es el tiempo en que sueles aparecer, Amor. Tú, que marcas el rumbo de las constelaciones, que embelleces a cualquier criatura para seducir a otra... Sólo queda fuera de tu jurisdicción el tiempo inmóvil y vacío de la melancolía.
He empezado a escuchar los gritos del silencio. Hay momentos en que dejo de respirar para oirlos mejor, y luego debo respirar más hondo para recuperarme.
Algo que echo de menos y no sé lo que es me desocupa del pasado, como si fuese sólo un punto de partida, y me empuja al futuro, ignorando también lo que será. Cargado con antiguos recuerdos que me han hecho la que soy. Siento que sin querer salgo a la busca -a la espera, mejor- del reino nuevo. No quisiera engañarme, pero estoy presintiendo tu llegada, y no se hacer nada más que mirar alrededor apasionadamente...
¿Desde donde vendrás? ¿Es el Sur, o es el Norte quien te envía? ¿Bajo que amable rostro te encubrirás ahora? ¿Vendrás de golpe, como en cierta ocasión, o de puntillas, o quizá ya estás dentro de mí, y salgas cualquier tarde riendo a carcajadas? ¿Qué estás haciendo ahora, mientras yo te echo en falta?.
Cuando llegues, Amor, tendrás que recibirme como soy, no como te imaginas. Tomarás mi libertad y me darás la tuya. Tomarás mi compromiso y me darás el tuyo. No será posible desentenderse de los pesados lazos del recuerdo. Procuraré que no se interpongan facciones anteriores, la piel sobre la que dormí, las caricias a las que me acostumbré, los extremados cuerpos que asaltaron mi soledad un día, el deseo que jamás se agotaba y se agotó...
O quizá no te fuiste. Jugaste al escondite, y eres el mismo siempre, que aparece y desaparece. Si es así, no cambies más de cara ni de gesto. Quedate quieto aquí. Si no te fuiste, no te vayas más. No te disfraces; no finjas alejarte; no te hagas el dormido.
Cuando llegues -si tienes que llegar- entra sin hacer ruido. Usa tu propia llave. El tiempo en que no te tuve dejará de existir cuando tú llegues. No habrá nada que no quepa en mis manos. ¿Donde están mis heridas?, me diré...
Pero escuchame bien: llega para quedarte cuando llegues.
"La soledad sonora"
La " soledad sonora ", ¡Que bonita expresión!. La soledad es un momento de riqueza, es un momento en que suena la propia voz, en que hay un diálogo con uno mismo. Yo estoy empezando apreciar y necesito enormemente esos momentos de soledad dialogante conmigo misma. Es en esos momentos cuando intento comprender cuanto me rodea y, sobre todo a escucharme. Esos momentos de soledad en los que encaro con mi YO, son los que me dan luz para esas horas en que todo es bullicio.
